Por Juan Carlos Vela
Saúl Orduz, (22 de mayo de 1922-5 de junio 2010) nacido en Sogamoso, Boyacá, fue uno de los fotografos más importantes de Colombia de la era del blanco y negro. Su colección reposa ahora en el Museo de Bogotá. Hijo de Roque Vega Orduz y Bernarda Vega. Tuvo dos hermanos: Elisa y Noemi, siendo Saúl el menor. Se casó con Olga Salamanca y tuvieron 6 hijos, 2 de los cuales fallecieron.
Tuve la oportunidad de conocerlo junto a su esposa y de escucharle muchas de sus historias. Los visité en una casita del barrio El Prado adonde se mudaron cuando todo alrededor era aún potrero siendo testigos de su crecimiento, ahora llena de locales comerciales e industriales y talleres de mécanica, varios de los cuales les construyeron justo al frente. De hecho según me dijo, constantemente los dueños del taller de en frente le bloqueaban la entrada del garaje con sus carros a reparar obstaculizándole su propio garaje cuando queria sacar su viejo carro a pasear con su señora Olga.
En los años 40 se traslada a Bogotá y trabaja con como “todero” de oficina en Avianca y en Scadta (Sociedad Colombo Alemana de Transportes Aereos). Gracias a sus contactos con estas aerolíneas se vincula en los años 40 con la multinacional Fairchild Aereal Survey en donde aprende todas las técnicas de laboratorio, manejo de cámara y en donde gracias a un militar norteamericano logra conseguir una cámara profesional para fotografía aérea. Su especialidad se convirtió precisamente en eso, aerofotografía, el mismo alquilaba una avioneta por horas y tomaba las fotografías que podía. Eran muy pocos los fotografos que existían en la época por lo costoso de los equipos, por lo que era muy fácil conocer a los colegas, o los únicos en el oficio como Sady Gónzales, reportero gráfico también muy conocido por sus fotos de los años 40 y Manuel H Rodriguez, recientemente fallecido también.
Años después, Saúl se vincula al Banco de la República como fotografo de planta y luego al Acueducto de Bogotá en donde trabaja los últimos años de su vida profesional tomando fotografías de muchas de sus obras en construcción como Chingaza, Chivor, Guavio. De esta manera se convirtió en el principal fotografo del crecimiento urbano en Bogotá.
Tuvo además durante años un laboratorio fotográfico en el centro de Bogotá, justo en donde queda el laboratorio de su gran colega y también fotografo leyenda, Don Manuel H, de hecho Saul Orduz fue quien le vendió el local del laboratorio a Manuel H. en 1952.
Pero su lente no sólo capturó esas fotografias aéreas sino muchas otras de la vida cotidiana en las calles, los tranvias, las tiendas, los electrodomésticos de la época, las oficinas, los conciertos de la Plaza de Toros y la Media Torta. El Museo de Bogotá publicó un libro con su obra. Descargar Aquí.
Según me contó, después de tantos años de trabajo en el Acueducto, sus directivas le hicieron un homenaje de despedida pero jamás lo volvieron a llamar. Sus últimos años los pasó tratando de vender copias de su colección fotográfica de toda una vida. El Acueducto jamás lo pensionó, vivía de la pensión de uno de sus hijos fallecido en la Armada.
Como dato curioso, según me contó aquel día, el Museo de Bogotá adquirió la mayoría de sus fotos (cientos) por un valor cercano a los 18 millones de pesos que el mismo les había cotizado. Despues de firmar el contrato, el representante del museo de Bogotá le dijo “le vamos a dar $25 millones”, y el preguntó muy sorprendido y alegre “y eso por que?”, el representante del museo le contesto: “Porque teníamos un presupuesto de 100 millones por su obra”. Y bueno, para Saúl, tal vez 87 años de vida le hicieron perder la noción de la devaluación del peso y para él 18 millones todavía era mucha plata. Nunca fue bueno cobrando según me dijo, su especialidad era tomar fotos pero no pasar la cuenta de cobro.
Ningún medio colombiano registró su muerte ni su legado a diferencia de su colega Manuel H que fue muy bien difundida.
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